Señales promisorias

Para los niños el pasado no existe y el futuro es invisible. Lo propio ha sucedido en las últimas décadas con gran parte de las políticas sanitarias de la Argentina. Acorralado por vacilaciones, posiciones ambivalentes y peregrinajes circulares, el sistema de salud ha sido víctima permanente de improvisaciones, recortes presupuestarios y acciones de emergencia incapaces de proyectarse más allá de la duración de las gestiones que las engendraron.
Esto ha resultado particularmente cierto en el universo de las enfermedades transmitidas por vectores; bastaría un sencillo ejercicio de memoria para reunir un nutrido grupo de ejemplos al respecto.
Sin embargo, el vertiginoso ingreso del dengue al país modificó la estructura y fisonomía de la cartografía sanitaria e impulsó transformaciones y reformulaciones de fondo en la consideración de de este grupo de patologías, especialmente luego de la sucesión de desaciertos que caracterizaron a la epidemia de 2009. En este marco, fueron creados la Dirección Nacional de Enfermedades Transmisibles por Vectores y, recientemente, el Instituto Nacional de Medicina Tropical, entre otras iniciativas a todas luces elogiables.
Mucho ha sido lo realizado en pocos meses en este área; lo suficiente para recuperar el liderazgo rector, planificador y articulador que jamás debió haber perdido la máxima autoridad de salud del país.
El desafío es ahora lograr que los plausibles cambios advertidos se conviertan en una política de estado de la que participen activamente provincias y municipios, con objetivos de largo plazo cuyo cumplimiento sea puesto a resguardo de avatares político-partidarios, instintos coyunturales y conducciones personalistas.
El incremento en magnitud y protagonismo de los equipos técnicos, su jerarquización y valoración, y la ampliación de sus espacios de incumbencia y del peso de sus recomendaciones, parece un paso inexcusable en este sentido.
El erudito florentino Giovanni Gaetano Bottari, a mediados del siglo XVIII, escribía sobre la Salud Pública: “magnífica será si en ella profesan y ejercen solamente los virtuosos, versados, y de feliz ingenio; que construyen el júbilo de sus saberes con el mérito y lujo de sus obras”. Poner en perspectiva esta atinada reflexión contribuirá a no repetir los errores del pasado, y a estar mejor preparados para mitigar el impacto de las enfermedades transmitidas por vectores.

Héctor Coto
Director General